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EL SECRETO DE CAMELOT

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 Relato Corto: Vigilante fronterizo

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Héroes del Destino
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MensajeTema: Relato Corto: Vigilante fronterizo   Lun Jun 14 2010, 23:32

Vigilante fronterizo


Los primeros rayos de sol entraban por la pequeña ventana de la habitación, haciendo que la tenue luz de la vela fuera inservible.

El rítmico tintineo del entrechocar de la cadena de acero golpeando con el amuleto sagrado que sujetaba, se mezclaba con la respiración entrecortada por el esfuerzo que resonaba suavemente en la alcoba con cada flexión de los brazos de Kaelus. Varias gotas de sudor ya habían caído sobre las frías losas de piedra y otras más se escurrían de su frente.

Kaelus se incorporó, cogió una pequeña toalla que se pasó por su corto y oscuro pelo, luego secó el sudor que empapaba su frente y su barba de pocos días.

Tras haber realizado unos sencillos ejercicios físicos matutinos, el hombre estaba preparado para comenzar con las tareas diarias. Dejó la toalla sobre una silla y se acercó a la cama donde descansaba su esposa. Su largo pelo castaño cubría el suave y níveo brazo que salía de entre las sabanas.

Kaelus se puso rápidamente un pantalón de cuero y una camisa, no sin antes dar una caricia y un ligero beso a su mujer para que se despertase. Salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí y se encaminó escaleras abajo.

Al llegar al final de las escaleras sacó una llave de su bolsillo. Había dos puertas, la de la izquierda dirigía hacia un pequño comedor y la de la derecha al resto del enorme edificio. Se adentró por la puerta de la derecha para acceder a otra habitación, en la que había un pequeño escritorio con varios libros y un armario.

Kaelus se acercó al armario, lo abrió y sacó su túnica gris acerada de clérigo. Sin perder tiempo se la puso dejando el amuleto del guantelete con el ojo por encima del hábito. Tras esto, se dirigió a la otra puerta de la habitación para entrar en una gran sala de planta románica, vacíos bancos de madera ordenados en dos filas abrían un pasillo hasta la gran puerta principal. Justo enfrente se encontraba el altar de la iglesia.

El altar estaba compuesto por una mesa de piedra, una tela blanca la cubría y encima de ella se encontraban un libro con escrituras sagradas y una espada bastarda. Detrás de ellos una impoluta armadura completa representaba a Helmo, el dios Vigilante y a su derecha, un pendón púrpura con un ojo de pupila azul que observa desde un guantelete de guerra derecho enhiesto -símbolo de la deidad- permanecía impasible guardando el templo.

Kaelus quitó el tablón que cerraba las grandes puertas del templo y las abrió. Como de costumbre allí estaba Ethan, el joven que le ayudaba a preparar los oficios.

Al cabo de unos minutos, los asientos ya estaban empezando a llenarse por alguno de los habitantes del pueblo.

Kaelus salió desde la sala donde se había puesto el hábito y se dirigió hacia el altar donde esperaba Ethan. Al llegar allí se puso enfrente de la armadura completa y tomó el brazalete derecho de ésta, besó el relieve en forma de ojo que había en su dorso, tras esto se lo colocó y se dio media vuelta para mirar en dirección a los bancos.

Los fieles se levantaron al unísono, el clérigo movió su brazo derecho en un giro brusco para colocarlo enhiesto frente a los fieles, gesto que imitaron.

Tras esto Kaelus apoyó sus manos sobre la mesa y todos los fieles se sentaron.

- Hoy… - comenzó a decir el clérigo yelmita, pero no pudo continuar.

El fuerte tañir de una campana le interrumpió, entre los fieles se oía algún que otro susurro y algunos hombres salían rápidamente de la iglesia. Todos sabían lo que significaba ese sonido.Era un ataque.

Kaelus apresuró a Ethan para que le ayudara a colocarse el resto de la armadura, por suerte le había enseñado varias cosas por si algo así pasaba, en apenas dos minutos el clérigo se había colocado la resplandeciente armadura.

La iglesia antes semivacía, ahora estaba llena de personas, la mayoría mujeres y niños. El clérigo cogió la espada bastarda de la mesa y se dirigió por el pasillo hasta la puerta principal acompañado por el joven entre el sollozo de alguna de las mujeres.

En la puerta, junto con algunas mujeres más le esperaba su esposa.

El clérigo se dirigió a ella: - Ya sabes lo que tenéis que hacer, este templo será vuestra fortaleza. En cuanto regresen los jóvenes atrancad las puertas, no hay sitio más seguro aquí.
- Prométeme que volverás.
– Le contestó ella.
- Helmo nos guarde.

Tras esto salió de la iglesia, dirigiéndose hacía donde sonaba el repiquetear de la campana. Mientras caminaba, Kaelus recordaba los últimos rumores: el feudo vecino estaba contratando a bandidos mercenarios para saquear las tierras y así obligar a la gente a marcharse o rendir pleitesía al nuevo señor. Pero aquella villa siempre había sido guardada por el clero de Helmo.

Mientras caminaba hacía la pequeña atalaya de la que procedía el sonido, Kaelus vio a la veintena de hombres que se amontonaban al final del pueblo esperando la llegada del enemigo.

Justo antes de llegar le recordó a Ethan cual era el plan. – Ya lo sabes, junto con el resto de los jóvenes os encargaréis de disparar desde la atalaya hasta que se aproximen. Cuando estén aquí regresáis al templo, nada de hacerse los héroes -.

El joven asintió con la cabeza y se dirigió a su posición.

Kaelus avanzó entre los hombres, luego miró a su alrededor, pocos eran los que llevaban una espada o un arma, la mayoría estaban equipados con apeos de labranza.

El clérigo miró al grupo de atacantes que se estaba aproximando, se giró hacia sus fieles y dijo: - Puede que esos hombres estén mejor equipados que nosotros. Puede que hayan estado en más batallas que todos nosotros juntos. Pero hay algo que les falta a esos hombres. Algo que nosotros si tenemos: FÉ. ¡Que Helmo nos guarde!, y ahora devolvamos a esos gusanos al sucio pozo del que salieron -.
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Dama
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Sagitario Serpiente
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MensajeTema: Re: Relato Corto: Vigilante fronterizo   Jue Jun 17 2010, 08:13

Como de costumbre un buen relato, sólo le falta una cosa... la continuación que espero anhelante jejeje

Gracias por compartir estas historias con nosotros, es un placer leerlas.

¡Salud y honor!
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Relato Corto: Vigilante fronterizo
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